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Illeslex & Friends | Reflexiones prenavideñas | Miguel Lázaro

Illeslex & Friends  |  Reflexiones prenavideñas  |  Miguel Lázaro

03/12/2019

 

Reflexiones prenavideñas

 

Los navidofóbicos aumentan su desazón conforme se va acercando la Navidad. Un porcentaje elevado de españoles son anoréxicos del espíritu navideño. Para ellos todas las navidades son iguales, “no es una celebración, es  una  pesadilla, ojalá me despertara el día siete de enero”, dicen muchos de ellos. Están hartos del espíritu navideño, de las luces, de los anuncios, de los villancicos, de las muñecas de famosa y de ese “vuelva a casa por Navidad”. No solo son los días de navidad, en realidad cinco, sino el preámbulo y el epílogo. ¿Qué vínculo afectivo emocional tienen los navidófobos con estas fechas? ¿Por qué hay personas que no consiguen relativizar estas fiestas? Sobran impostura, sobreactuación e hiperconsumismo. Los súper, híper y grandes almacenes, nuevos templos posmodernos, no dan abasto, ofertando su liturgia consumista. Todo se vende y nosotros elegimos comprarlo. La magia publicitaria se adueña del alma y de la mente colectiva. No existe el espíritu ni el menú  navideño. Cada uno lo construimos.

Claro que el contexto social influye mucho pero nuestro mundo interno lo configuramos  nosotros. Las opciones las elegimos nosotros. Pero las ausencias y los duelos emergen  y reclaman un espacio mental, los que han fallecido, el hijo que no está aquí y ahora con nosotros, el hermano lejano y alejado, la edad que nos okupa y pre-ocupa, la nostalgia con la que nos acompañamos, los padres que enfilan la estación término de su biografía, aquello que no pudo ser, lo que no recordamos y lo que insistentemente nos persigue. Todo se amplifica por mil: lo que somos y lo que no somos y pudiéramos haber sido.

La Navidad es una caja de resonancia de nuestros decibelios emocionales que nos obliga y nos estresa porque tenemos que gestionar la sobreestimulación interna y externa. Las fechas navideñas son auténticos ajustes de cuentas entre familiares que se encuentran, se desencuentran y muchas veces practican el encontronazo sádico e invasivo. Los “gigantes y cabezudos del alma”, cual tsunami emocional que arrasa todo nos dominan: la rivalidad, los celos, la envidia y la culpa complican la con-vivencia. Necesitamos toda una sobredosis de mindfulnes. La Navidad es un buen test de stress para nuestra ITV emocional y para inspeccionar nuestras tácticas vitales. Qué bien estar vivos y reencontrarnos así como podamos, si así lo queremos. Es fácil dejarse llevar por la rabia y el resentimiento pero la Navidad nos convoca a dejar la quejorrea narcisista y lacrimógena en stand bye. De nuevo las emociones positivas al rescate, la  apuesta y el reto  es querer, querer, a nosotros mismos y al prójimo. Es una muy buena oportunidad para reparar conflictos y malentendidos. Somos los vínculos que tenemos y lo que nos queda de tiempo por vivir. Construyan su Navidad sin exigencias. Si no les gusta háganla agridulce como la comida china. Hagan el balance anual desde una sana autoestima. No existe las navidades, existe la navidad de 2019 .Viva en el recuerdo de las ausencias y acompáñense bien, tanto interna como externamente. Valoren más que nunca cuán de fértil han vivido y sobre todo cómo decidirán vivir su tiempo. Opten por rediseñar y resignificar la Navidad de 2019. Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo. Ahora ennavídense. El mallorquín tiene una frase mágica, a modo de mantra zen, díganla y compártanla desde el corazón: MOLT D´ANYS, amigos.

Ya saben, en victoria transitoria porque nunca hemos estado en doma.

 

Miguel Lázaro
Psiquiatra

 

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